Monday, April 24, 2017

¿CÓMO LE HAGO PARA ORAR TODOS LOS DÍAS?

Humildad
El principio de una vida de oración es la humildad. Si creo que puedo manejar mi vida sin Dios, enfrentarme a cada día sin declararle que lo necesito desesperadamente, si creo que algo puede funcionar bien sin Él, entonces nunca tendré la verdadera necesidad de orar. Una reconocida mujer de Dios dijo una vez: “A veces me siento tan desesperada y débil. Creo que por eso me usa Dios. Porque no dependo de mi propia fuerza”. La oración diaria comienza con una pregunta: ¿Qué tanto considero que necesito a Dios el día de hoy? ¿Podría ser que la falta de oración fuera un reflejo del orgullo en nuestro corazón?

Necesitas ponerte metas más grandes.
Hemos entregado nuestra vida a una rutina, a un trabajo “fácil de hacer” a un conjunto de pasos y procesos que seguimos en automático. No aspiramos a mucho más, estamos satisfechos como estamos, tanto que realmente no ocupamos tanta oración para mantener las cosas como hasta ahora. Nuestra falta de oración podría también ser un reflejo de una vida llena de bajas expectativas, muy pocos “Señor ayúdame” salen de nuestro corazón porque estamos simplemente siguiendo una vida, manteniéndonos vivos, sobreviviendo, sin aspirar a una vida abundante. Querer orar mucho es el resultado de creer firmemente que la oración es necesaria en toda ocasión. No orar es lo opuesto, considerar que no es necesario en toda situación, sólo en algunas. ¿Es necesario o no?, ¿qué tanto crees que necesitas a Dios hoy?

No veas la oración como un deber, como lo correcto que tienes que hacer. No queremos orar porque lo vemos como una obligación, como lo que todo cristiano debe hacer para ser “buen cristiano” por lo tanto cada vez que nos equivocamos o pecamos, nos sentimos tan malos como cristianos que lo menos que queremos hacer es orar, porque nos sentiremos tan falsos al hacerlo. Pero olvidamos que la oración es el poder y la potencia que necesitamos para dejar de pecar y dejar de equivocarnos como cristianos. Es como si un enfermo rechazara la medicina pensando que “ya para qué si ya me enfermé” siendo que es para dejar de estar enfermo. Uno ora no sólo porque necesita sino porque la oración es lo único que puede hacer la diferencia y generar la victoria que tanto anhelamos.

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