Tuesday, June 3, 2014

LA CIUDAD DE LOS POZOS

Cuenta la historia que la ciudad no tenía personas, este lugar estaba habitado solamente por pozos vivientes.

Un día llego a la ciudad la "moda" que seguramente había nacido en algún pueblito humano. La nueva idea señalaba que todo ser viviente que se aprecie debería cuidar mucho más lo interior que lo exterior. Lo importante no es lo superficial sino el contenido. Así fue como los pozos empezaron a llenarse de cosas. Algunos se llenaban de joyas, monedas de oro y piedras preciosas. Otros, más prácticos, se llenaron de electrodomésticos y aparatos mecánicos. Algunos más, optaron por el arte y fueron llenándose de pinturas, pianos de cola y sofisticadas pinturas modernas. Finalmente los intelectuales se llenaron de libros, de manifiestos ideológicos y revistas especializadas.

Y así pasó el tiempo, hasta que la mayoría de los pozos se llenaron a tal punto que ya no pudieron incorporar nada más. Los pozos no eran todos iguales, así que, si bien algunos se conformaron, hubo otros que pensaron que debían hacer algo para seguir metiendo cosas a su interior. A uno de ellos, el primero, en lugar de apretar su contenido, se le ocurrió aumentar su capacidad ensanchándose. No pasó mucho tiempo antes de que la idea fuera imitada, todos los pozos gastaban gran parte de sus energías en ensancharse para poder hacer más espacio en su interior.

Un pozo, pequeño y alejado de la ciudad, empezó a ver a sus camaradas ensanchándose desmedidamente y pensó que sí seguían hinchándose de esa manera, pronto se confundirían los bordes y cada uno perdería su identidad.

Quizás a partir de esta idea se le ocurrió que otra manera de aumentar su capacidad era crecer pero no a lo ancho sino hacia lo profundo. Hacerse más hondo en lugar de más ancho.

Pronto se dio cuenta que todo lo que tenía dentro de él le imposibilitaba la tarea de profundizar. Sí quería ser más profundo debía vaciarse de todo contenido. Al principio tuvo miedo al vacío, pero luego, cuando vio que no había otra posibilidad, lo hizo. Vacío de posesiones el pozo empezó a volverse más profundo, mientras que los demás se apoderaban de las cosas de las que  él se había deshecho.

Un día, sorpresivamente el pozo que crecía hacia adentro tuvo una gran sorpresa: adentro, muy adentro y muy en el fondo encontró agua. Nunca antes otro pozo había encontrado agua.

El pozo superó la sorpresa y empezó a jugar con el agua del fondo, humedeciendo las paredes salpicando los bordes y por último sacando el agua hacia afuera. Así que la tierra alrededor del pozo, revitalizada por el agua empezó a despertar. Las semillas de sus entrañas, brotaron en pasto, en árboles y en flores.
Todos le preguntaban cómo había conseguido el milagro. Muchos quisieron seguir el ejemplo pero desdeñaron la idea cuando se dieron cuenta de que para ir más profundo tenían que vaciarse.

En otra punta de la ciudad otro pozo, decidió correr el riesgo del vacío. Y también empezó a profundizar. Y también llegó al agua y también salpicó hacia afuera creando un segundo oasis verde en el pueblo.
Un día casi por casualidad los dos pozos se dieron cuenta de que el agua que habían encontrado en el fondo de sí mismos era la misma. Que el río subterráneo que pasaba por uno inundaba la profundidad del otro. Se dieron cuenta de que se abría para ellos una nueva vida.

La búsqueda les había deparado un nuevo y secreto punto de contacto: La comunicación profunda que sólo se consigue cuando decidimos vaciar nuestro contenido y buscar en lo profundo de nuestro ser.
Lo que verdaderamente importa en lo que tenemos en nuestro interior, hay que dejar de lado las posesiones para hallar el verdadero tesoro, el significado de la vida.

Muchas veces nos dejamos influenciar por la moda, las opiniones, queremos hacer lo que hacen todos para no sentirnos fuera de lugar, buscamos tener más y más cosas para sentirnos seguros cuando lo que realmente necesitamos es conocer nuestro propósito, nuestros dones y talentos.

Mientras no te despojes de aquellas cosas que fuiste adquiriendo en base a opiniones, en una búsqueda incansable de pertenecer a un grupo, de ser aceptado o simplemente porque tu confianza estaba puesta en las cosas y por eso te fuiste aferrando cada vez a más cosas; no podrás tener una relación honesta con los demás.

Cuando aprendas a amarte por lo que realmente eres y encuentres aquello que Dios puso en tu interior y te hace tan único y especial, los demás te amarán por lo que eres y tus relaciones cada vez serán más honestas.

Quita todos los objetos, prejuicios, resentimientos y experiencias que se interponen entre tú y tu esposa, tus hijos, tus amigos y, sobre todo, preséntate ante Dios vaciándote de todas las barreras que creaste estos años.

Preséntate tal cual eres para que Dios pueda obrar en ti; Él ya te conoce y sabe de tu potencial, pero quiere que te acerques a Él y le cuentes todo lo que te duele, lo que sueñas, los piensas, quiere una relación profunda contigo.
—Ana María Frege Issa cvclavoz

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